CREA TU ESTILO BUENO AIRES
Negocios y ferias forman en Capital un paraíso de compras para los fashionistas siglo veintiuno. Calidad, precio y originalidad son las claves a la hora de crear el propio look. Mundo vintage, mundo retro.
Basta de diseñadores que imponen un único estilo, de marcas que fabrican mil prendas iguales y después la gente por la calle parece uniformada. Para todas esas chicas, y por qué no chicos, que quieren decirle PARE a la imposición de la industria textil, el mundo vintage les da la bienvenida.
Desde el conocidísimo local Juan Pérez en Marcelo T. de Alvear 1441, Recoleta, hasta el turístico Pasaje Defensa en pleno corazón de San Telmo (Defensa 961), Buenos Aires ofrece un exquisito circuito de ferias y negocios donde la ropa gana valor por su estilo y con el correr de los años.
“Lo que tiene este tipo de ropa es personalidad”, asegura Juana Salguero, 19 años, mientras inspecciona los pañuelos que cuelgan ordenadamente en uno de los percheros de Ejército de Salvación, avenida Sáenz 580, Pompeya. La prolijidad parecería ser el lema en este predio donde todo, hasta las corbatas, están divididas por tipo y color. Podés encontrar impermeables Perramus a 70 pesos y tapados desde 60, porque además de canchera y original, la indumentaria retro es relativamente barata.
“Aunque el precio no es lo más importante a la hora de comprar en este tipo de lugares, influye”, responde Paula Marcelini, amiga de Juana, cuando le preguntan si busca economizar gastos en el momento de elegir dónde comprar, y agrega: “Es clave revisar el placard de tu abuela o de alguna tía, encontrás cosas que jamás imaginaste que podían llegar a tener”.
El Convento San Ramón Nonato, en pleno centro porteño (Reconquista 269), es otro de los puntos clave para ir a comprar. Porque a pesar de ofrecer una acotada variedad de prendas, las pocas que hay son de mucha calidad. Se pueden encontrar camisones de seda, guantes de cuero con borde de piel a un precio muy razonables y accesorios, como anteojos de sol. El dato no es menor, porque el touch personal que cada uno le da a su look, generalmente, va de la mano con este tipo de objetos.
Paulette Selby, titular de la casa Juan Pérez, afirma que lo que más vende su local son “zapatos y carteras”. ¿Llamativo? No para ella, que agrega: “También los clientes buscan mucho la marca de los productos”.
Reciclar con criterio, con ojo crítico, eso es lo que hacen los fashionistas del siglo XXI. Plasman su manera de vivir en el propio estilo, porque es tan vintage el que usa unos Ray Ban estilo aviador como el que usa unos anteojos de lectura sin aumento con borde amarillo. Todo está permitido, la única consigna es ser uno mismo.
La Galería Quinta Avenida, sobre Avenida Santa Fe entre Talcahuano y Libertad, mezcla todo tipo de prendas de los años 60, 70 y 80 con creaciones de nuevos diseñadores. Debido a la crisis económica este año muchos de los locales cerraron sus puertas, pero el lema “todo vuelve” sigue latente en su enorme cantidad de clientes.
“Este año no disminuyó la venta pero tampoco aumentó. Los últimos años, en cambio, había subido notoriamente”, cuenta Selby. Su local es sin dudas el más reconocido en el circuito, podés encontrar vestidos de alta costura, zapatos, carteras Louis Vuitton, conjuntos Chanel, camperas de cuero, collares, anteojos. Todo, absolutamente todo lo que necesitás.
San Telmo es otro de los paraísos del mundo vintage, donde no sólo está el Pasaje Defensa, con sus vestidos, zapatos y carteras entremezclados con bares, cafés y muebles antiguos, sino también el Mercado de San Telmo. Allí, en medio de frutas y verduras, aparecen puestos de ropa usada y accesorios imperdibles (aros con piedras a sólo 25 pesos). Por último, también en la calle Defensa pero a la altura 894, está el local El Buen Orden. Etiquetas de marcas europeas, una vastísima oferta de anteojos de sol, carteras, zapatos y muchos accesorios. El único inconveniente: el lugar es muy pequeño y recorrerlo cuando hay mucha gente se complica.
“Lo vintage es lo reciclable, siempre existió y existirá”, sintetiza Selby. Retro según la Real Academia Española significa volver hacia atrás, por eso esta nueva tendencia permanece en el tiempo, no corre contra él. Así que fashionistas de este nuevo siglo, vuelvan a las raíces, parecería que allí está la clave del estilo.
Desde el conocidísimo local Juan Pérez en Marcelo T. de Alvear 1441, Recoleta, hasta el turístico Pasaje Defensa en pleno corazón de San Telmo (Defensa 961), Buenos Aires ofrece un exquisito circuito de ferias y negocios donde la ropa gana valor por su estilo y con el correr de los años.
“Lo que tiene este tipo de ropa es personalidad”, asegura Juana Salguero, 19 años, mientras inspecciona los pañuelos que cuelgan ordenadamente en uno de los percheros de Ejército de Salvación, avenida Sáenz 580, Pompeya. La prolijidad parecería ser el lema en este predio donde todo, hasta las corbatas, están divididas por tipo y color. Podés encontrar impermeables Perramus a 70 pesos y tapados desde 60, porque además de canchera y original, la indumentaria retro es relativamente barata.
“Aunque el precio no es lo más importante a la hora de comprar en este tipo de lugares, influye”, responde Paula Marcelini, amiga de Juana, cuando le preguntan si busca economizar gastos en el momento de elegir dónde comprar, y agrega: “Es clave revisar el placard de tu abuela o de alguna tía, encontrás cosas que jamás imaginaste que podían llegar a tener”.
El Convento San Ramón Nonato, en pleno centro porteño (Reconquista 269), es otro de los puntos clave para ir a comprar. Porque a pesar de ofrecer una acotada variedad de prendas, las pocas que hay son de mucha calidad. Se pueden encontrar camisones de seda, guantes de cuero con borde de piel a un precio muy razonables y accesorios, como anteojos de sol. El dato no es menor, porque el touch personal que cada uno le da a su look, generalmente, va de la mano con este tipo de objetos.
Paulette Selby, titular de la casa Juan Pérez, afirma que lo que más vende su local son “zapatos y carteras”. ¿Llamativo? No para ella, que agrega: “También los clientes buscan mucho la marca de los productos”.
Reciclar con criterio, con ojo crítico, eso es lo que hacen los fashionistas del siglo XXI. Plasman su manera de vivir en el propio estilo, porque es tan vintage el que usa unos Ray Ban estilo aviador como el que usa unos anteojos de lectura sin aumento con borde amarillo. Todo está permitido, la única consigna es ser uno mismo.
La Galería Quinta Avenida, sobre Avenida Santa Fe entre Talcahuano y Libertad, mezcla todo tipo de prendas de los años 60, 70 y 80 con creaciones de nuevos diseñadores. Debido a la crisis económica este año muchos de los locales cerraron sus puertas, pero el lema “todo vuelve” sigue latente en su enorme cantidad de clientes.
“Este año no disminuyó la venta pero tampoco aumentó. Los últimos años, en cambio, había subido notoriamente”, cuenta Selby. Su local es sin dudas el más reconocido en el circuito, podés encontrar vestidos de alta costura, zapatos, carteras Louis Vuitton, conjuntos Chanel, camperas de cuero, collares, anteojos. Todo, absolutamente todo lo que necesitás.
San Telmo es otro de los paraísos del mundo vintage, donde no sólo está el Pasaje Defensa, con sus vestidos, zapatos y carteras entremezclados con bares, cafés y muebles antiguos, sino también el Mercado de San Telmo. Allí, en medio de frutas y verduras, aparecen puestos de ropa usada y accesorios imperdibles (aros con piedras a sólo 25 pesos). Por último, también en la calle Defensa pero a la altura 894, está el local El Buen Orden. Etiquetas de marcas europeas, una vastísima oferta de anteojos de sol, carteras, zapatos y muchos accesorios. El único inconveniente: el lugar es muy pequeño y recorrerlo cuando hay mucha gente se complica.
“Lo vintage es lo reciclable, siempre existió y existirá”, sintetiza Selby. Retro según la Real Academia Española significa volver hacia atrás, por eso esta nueva tendencia permanece en el tiempo, no corre contra él. Así que fashionistas de este nuevo siglo, vuelvan a las raíces, parecería que allí está la clave del estilo.
Truji Love
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