
Vuelvo. Vuelvo porque lo necesito.Porque siempre que parece que abandono esta forma de escritura me siento frente a la PC, abro un Word, pongo un buen tema y así de esa forma, sin grandes secretos, las palabras empiezan a fluir, con naturalidad sin presiones.
El hecho de empezar un curso de género movió mi esquema, lo sacudió, lo corrió de lugar, me hizo replantear el papel que ocupamos como mujeres en el día a día. ¿Cual es la valoración que tenemos? ¿Cual es la que nos merecemos? ¿Como forjamos las relaciones que forman parte de nuestro contexto? En fin donde estamos paradas, hoy, argentina año 2010.
Siempre nos costó todo. Siempre costó que reconozcan nuestros derechos, nuestros logros, dentro de una sociedad llena de olor a hombre pero con una gran carencia de esa delicadeza femenina tan típica que nos caracteriza y diferencia.
Siempre nos fue difícil abrir camino. Siempre tuvimos que derribar mitos y temas tabúes fundados en grandes y viejos prejuicios. Pero seguimos adelante. ¿Feminista yo? No, si ¿Ponele? En realidad no lo se. Lo único que tengo en claro es que, como mujer, me importa poder descifrar cual es el casillero en el que nos encontramos y cual es el rotulo que portamos.
Después de años de luchar y sufrir la minimización del rol de la mujer en la sociedad, derribamos ese muro, con entereza y dignidad, para transformarnos en las mujeres “sabelotodo”.
Creamos un escuadrón feminista. Dimos cátedra de cómo se hace para abarcar la mayor cantidad de actividades en el menor tiempo posible. De cómo es ser madre, esposa, empresaria, laburante. Repartimos libros con tapa rosa donde el titulo era “como cargarse toda la responsabilidad sobre la espalda de una” y así, casi sin darnos cuenta, terminamos convertidas en heroínas con extensiones, tacos, un buen bolso y las pestañas llenas de un rimel de frustraciones.
Pasamos a ser tan elementales que nos opacamos, parecíamos las heroínas de los comic’s, esas que tenían solución para todo. Terminamos idealizadas por el clan masculino y por nosotras mismas también. Y nos olvidamos de nuestra esencia, de nuestros rollos, de nuestras inseguridades.
Nos corrimos de nuestro lugar y nos prohibimos estrictamente llorar en publico, sufrir y estar mal. Nos olvidamos que nuestra vida no es solo una agenda plagada de responsabilidades. Nos olvidamos que está bien y es normal sentirnos inseguras con un vestido o tontas cuando nos cruzamos con el hombre que nos parte la cabeza.
Yo por mi parte planto bandera por la anti heroína. Por aquella mujer a la que llora y se le corre el maquillaje. Por esa que pierde el colectivo, se duerme y llega tarde a una reunión. Apoyo a la que come y después siente culpa, la que toma un poco de más, se la manda y después no quiere despertarse.
Me uno a la causa de las que sienten que no pegan una, de las que están cansadas de pasar teléfonos y no recibir llamados, de las que pasan CV y no encuentran trabajo. De las que así y todo la siguen luchando, con frescura y naturalidad. Esas que se permiten fallar pero que nunca piensan en abandonar el juego.
Brindo por las anti heroínas que a veces cuando se miran al espejo se sienten un mamarracho. Por las que dicen el lunes empiezo la dieta y el gym. Por ellas y por las que se ríen de sus defectos. Por todas brindo una y otra vez.
Salud anti heroinas!
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