miércoles, 17 de noviembre de 2010

La PresidentE, es NENA (II PARTE)


Los medios y la presidente: Una relación con más ideas que vueltas
Argentina tiene una presidente mujer. Si mujer. Cristina Fernández de Kirchner es desde 2007 la máxima autoridad del país, la persona que tiene la última palabra de todas las decisiones que pudieron y pueden cambiar el destino de la Argentina. Es por esto que desde que asumió se ha puesto en el foco de la escena pública la diferencia entre los dos géneros: femenino y masculino y la eterna diferenciación que ha existido entre ellos.
Los medios de comunicación juegan un rol fundamental. Son formadores de opiniones, son los encargados de otorgarle a la sociedad la información indispensable sobre la realidad que aqueja al país y al mundo. Sus posturas y líneas editoriales marcan y forjan pensamientos ideológicos y dividen, de esta manera, sectores y movimientos.
La condición de mujer de la presidente es un tema recurrente, que es expuesto a diario por el periodismo. Desde los comienzos del mandato de Cristina Fernández de Kirchner muchos fueron los planteos y los interrogantes.
“Las dificultades que la denominación correcta de su cargo generó en el periodismo (¿la presidente o la presidenta?, se preguntaban ante los posibles juegos del lenguaje), a la decisión de adjudicarle autonomía subjetiva o referenciarla desde su partenaire (¿Cristina Fernández o Cristina Fernández de Kirchner?), las marcas de cierto sentido común añejado no dejaron de sucederse desde entonces”, reflexiona Claudia Laudano, investigadora en medios y género.En este momento es Cristina Fernández de Kirchner la que está bajo la lupa de los medios y el periodismo, pero siempre fue así. Siempre que hubo una mujer en el poder los comunicadores se encargaron de prestarle mayor atención. Jorge Halperín lo describe muy claro en su libro “Las muchachas del peronismo”: “Sobre las tres (Eva Duarte, Isabelita y Cristina Fernández) los medios se solazaron hablando de su coquetería, compulsión al gasto y frivolidad, rasgos que aparecieron en presidentes varones sin despertar juicios descalificatorios. Ha sido, incluso, un punto sorprendentemente alto de la crítica y el rechazo que despertaron las tres mujeres”. Los medios hablan sobre la presidente. Ponen en tela de juicio su accionar y recalcan la forma en la que se dirige al pueblo. Pero no son los únicos. Desde la propia política Cristina Fernández de Kirchner también recibe presiones y críticas (algunas constructivas y otras no tanto) por parte de funcionarios, diputados y senadores, entre ellos varias mujeres como Lilita Carrió e Hilda “Chiche” Duhalde.
Los medios de comunicación y los distintos personajes y actores sociales que conforman la gran familia de la política Argentina… ¿Ejercen sobre la figura de la presidente un techo de cristal?
Pero partamos de la definición. ¿Qué significa techo de cristal?
“Se denomina así a una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar, que nos impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar.”, explica Mabel Burin, Doctora en Psicología Clínica y psicoanalista, especialista en Género y Salud Mental.
Burin agrega: “También se suele conocer como “suelo pegajoso” que agrupa las fuerzas que mantienen a tantas mujeres atrapadas en la base de la pirámide económica. Ese famoso techo de cristal que impide a las mujeres alcanzar las metas profesionales para las que están preparadas parece invisible, pero que existe; es decir, es un término enigmático, secreto, indetectable, pero cuyo resultado es cuantificable, y real: la no existencia de mujeres en los vértices jerárquicos de las organizaciones.”
Cristina llegó al cargo máximo, políticamente hablando. Si se analiza desde esa perspectiva el techo de cristal no existiría. Pero si se tiene en cuenta la forma de actuar de los medios y un gran sector de la política se puede vislumbrar, no siempre, una intención de minimizar el lugar que ocupa Cristina Fernández de Kirchner y la capacidad que la presidente tiene para desarrollarse en su cargo.
El miércoles 27 de octubre de este año, cuando falleció su esposo y ex presidente de la Nación, Néstor Kirchner, una parte de la población, del periodismo y del ala política comenzaron a poner en duda la continuidad de la presidente al mando del gobierno Argentino.
Detrás de algunos gritos como “fuerza Cristina” “Néstor va a estar ayudándote desde arriba” se notan ciertos aires de subestimación hacia la figura de Fernández de Kirchner.
¿La reacción hubiera sido la misma si la presidente fuese la persona fallecida? ¿Se dudaría del futuro del gobierno, si esta estuviera comando por Néstor Kirchner? Claramente no. Todos estos miedos, inseguridades e incertidumbres que han ido aparecido, junto con la muerte del ex presidente, son producto de los prejuicios que todavía quedan impregnados en el imaginario colectivo con respecto al género femenino y su capacidad para desarrollarse en cargos importantes en los ámbitos públicos y privados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario